La frase del dia

08 enero 2018

Capadocia


Este fin de año surgió la posibilidad de despedir el 2017 en Capadocia (Turquía). El hecho de  de no tener que volver a incorporarme al trabajo hizo que la ilusión por disfrutar de este viaje fuese más relajada.   Días antes intenté buscar aparcamiento cerca del aeropuerto del Prat y todo estaba ocupado. No quedó otra opción que desplazarnos en autobús que, bien pensado,  es la mejor manera si los horarios lo permiten . Pocos kilómetros antes de llegar al aeropuerto nos alegramos de la decisión puesto que había una retención como consecuencia de un exhaustivo control de los Mossos de Escuadra.
    Una vez localizado en el interior del aeropuerto nuestro vuelo, recuperamos fuerzas en la cafetería más cercana a nuestra puerta de embarque. Mientras esperábamos sentados, hasta que llegara la hora concertada con la agencia de viajes para acudir al punto de encuentro, vimos cómo se desplomaba un hombre que estaba acodado en un extremo de la barra y rondaría los setenta años,  todos miraban pero nadie hacía nada hasta que se acercó un tipo y lo levantó abrazándolo por detrás.
    Para engañar el tiempo llevé mi libreta de acopio de ideas y una novela, Patria, que había  dejado de leer porque las primeras páginas no me sedujeron.
    Cuando el avión llevaba media hora de vuelo se adentró en un espacio de turbulencias que hicieron zozobrar la nave y la pericia del piloto nos llevó a la calma. Aterrizamos en Estambul cuatro horas más tarde y  desde allí otro avión nos llevó a Antalya en poco más de una hora.
    Años atrás habíamos disfrutado de otro final de año en Estambul con una estancia de una semana y,  aunque no es mucho tiempo, pude hacerme una vaga idea de aquel país de mayoría musulmana. Conviene resaltar que su horario lleva un adelanto de dos horas.
    La región de Capadocia es digna de un viaje. Está al sur de Turquía. Desde Antalya viajamos en autobús para cumplir con el programa diseñado por la agencia. En la ciudad de Konya visitamos la mezquita y el museo de Mevlana donde residen los monjes derviches giratorios. No vimos ninguno porque no se muestran al público. Dentro se exponen las sepulturas de algunos monjes celebres y escenas estatuarias de la vida de aquellos monjes que dan vueltas, sobre si mismo, durante cuarenta minutos y de este modo alcanzan un  estado de comunicación con Dios.
     Al día siguiente el autobús nos llevó hasta el Valle de las Palomas de Avcilar y el Valle Rojo. Nos detuvimos en el museo al aire libre de Goreme (Sus fotografías son el reclamo publicitario para visitar Capadocia) Impresionante el espectáculo que logra crear la naturaleza en ese lugar gracias a la geología de la época glacial y la erosión del viento. Las rocas están perforadas por cuevas donde habitaron tribus para protegerse de las invasiones guerreras. Pudimos entrar en aquellas viviendas e iglesias (no más de treinta metros cuadrados).
    Continuamos ruta hacia en Valle de Pasabag donde son famosas las rocas con forma de cucurucho invertido que se conocen como Chimeneas de la Hadas (La parte dura del cucurucho asemeja un tupe encima de la roca arenosa).
    Regresamos al hotel para celebrar la cena de fin de año en un restaurante no muy alejado del hotel. Allí nos juntamos con otro grupo de españoles y los nativos turcos que  cenaban en el restaurante. Previamente, nuestro guía, Bayron, ( se definía a si mismo, en un castellano atropellado: chico moreno, ojos negros, hombros anchos y un metro setenta), nos sugirió que el bufet del hotel estaría abierto par quién quisiera merendar. Y ya sabéis el dicho aquel de más vale pájaro en mano...Aparte en el bufet la oferta era amplia y sabrosa, una tentación para el paladar.
    La cena fue amenizada por un cuarteto, bajo, teclado, sitar y cantante. Todas las canciones parecían iguales. Turcos y turcas alzaban los brazos y movían las caderas en un contoneo cual serpientes difícil de imitar. Personalmente me gustó más el espectáculo de las mil y una noches que nos ofrecieron la noche siguiente en una cueva muy grande excavada en las rocas. Fue una exhibición de bailes regionales y dentro del show hacían partícipe a los espectadores. Allí una chica colombiana, compañera de viaje y guapa a rabiar, me hizo participar compitiendo con uno de los bailarines y los de Corporario somos competitivos. No pongo el vídeo porque se agotó el cupo de la risa en la cueva.
 Nos acostamos tarde y a la mañana siguiente visitamos una industria de joyería con grades exposiciones. También otra fábrica de alfombras artesanales y otra de cerámica. Todas estas visitas se alternaban con tiempo libre para comprar o nos cogían en el trayecto a algunos de los valles. Sin embargo no puedo precisar cuando porque no puse especial interés en memorizarlo. Una vez de vuelta a Antalya nos detuvimos en las cataratas de Lara.
En fin, siento que esta vez se quedan muchas cosas por narrar, sin embargo, las fotografías ayudan a reflejar lo que he sido incapaz de plasmar. Hasta otra.

Qué ricas estaban las castañas asadas.

Aprovechan las placas solares para calentar el agua.

Puerta por la que pasó el emperador Romano Adriano y cuenta la leyenda que también la cruzó la reina de Saba de camino a visitar al rey Salomón.


Está bien por nuestra seguridad.

El Valle de las palomas


En la ladera de la montaña se aprecian las entrada a la ciudad subterránea de Derinkuyu

Los gatos son animales protegidos y campan a sus anchas con absoluta libertad

El autobús cruzó entre montañas nevadas y nosotros disfrutábamos del paisaje en franca camaradería con buen humor y canciones.

Lo dicho: intocables.

Caía una lluvia rala y el guía me bautizó con el nombre de un volcán de nombre Melendy

Goreme

Goreme

Iglesia de Goreme

Antalya

Estatua de entrada  museo de monjes Darviches

Mezquita de Meliana en Konya

Taller de cerámica

Túnel de la ciudad subterránea de Deinkuyu

Aquí viven los gatos a cuerpo de rey, en el paseo principal de Antalya

Entrada a la ciudad subterránea


Lo llaman la roca del Lagarto. La fotografía la hice desde lejos y no tiene mucha calidad

En una grieta entre las rocas del valle de las hadas. La pendiente imponía respeto.

Planicie en el Valle de las chimeneas de las Hadas



Cueva donde se celebró el espectáculo de las mil y una noches

Igual que cuando pasas por las llanuras castellanas con la única diferencia del símbolo religioso. Aquí un minarete en lugar del campanario católico.


Antalya



Que quede claro que por aquí pasó uno de Corporario

Fin de fiesta












11 diciembre 2017

La matanza

¡Que nadie se asuste! No ha ocurrido ninguna tragedia sino todo lo contrario: una hermosa y fraternal fiesta para revivir y disfrutar la tradición de antaño: la matanza del cerdo.
    El día amaneció gris y dubitativo con algunos nubarrones amenazantes cuando se encendieron las hogueras en la pista deportiva al lado del ayuntamiento y, por momentos, el ambiente parecía atascado en los años sesenta. Las voluntarias del pueblo se vistieron para la ocasión con las ropas de antaño. 
    Como consecuencia del éxito del año anterior, el consistorio compró dos cerdos (que mal suena) que se chamuscaron ante la mirada curiosa de la concurrencia. Los matarifes, cuchillo en mano, fueron deshuesando en sendos tajos los marranos. En un puesto cubierto por un parasol, las mujeres sirvieron chupitos de licor y algunas pastas por un módico precio. También aceitunas sazonadas y sabrosas recogidas del olivo que hay delante de la casa de mi suegra y del parque infantil al otro lado de la carretera. Tras la consiguiente revisión de una veterinaria se procedió a la subasta de los trozos deshuesados.
    Entre mis recuerdos de comida sabrosa ocupaba el lugar predilecto un trozo de lomo asado que robé a mi padre un día de matanza y asé en la lumbre una noche cuando era niño. Añoraba ese sabor y pude hacerme con medio lomo que luego puse en la parrilla para cenar y, no hay color con éste y el que venden en los supermercados, ese que suelta telarañas babosas como un espumarajo.
    Reinaba un ambiente familiar mientras las mujeres voluntarias de la Asociación de Mayores preparaban en un caldero, sujetado con un trípode, las patatas meneas que después nos sirvieron. Algunos pudimos comer poco más de una cucharada porque al reclamo de la fiesta acudió más gente de la prevista por la organización y no había para todos. El precio del tiquet para la degustacción superaba en muy poco al de un café con leche. La carencia para los últimos lo compensaron con un cucharon de carne picada (que en Corporario llaman probadura). Estaba muy rico. Amenizaba la fiesta el acordeonista Jesús Ferreira a quien se unió también con su acordeón el lagarto Andrés vestido de época con una casaca gris de rayas. 
   La lluvia acudió al final de la comida y la gente buscó refugio. El tiempo desapacible y frío desanimó a la gente y las chimeneas de las casas vomitaban el humo de los hogares. 
    Un par de días antes, decidí dar una vuelta para fotografiar los paisajes helados y era un sacrificio sujetar la cámara para hacer las instantáneas. Algunas las hice a través de la ventana del coche porque el frío lo aconsejaba.
    En resumen, el pueblo se divierte rescatando algunas tradiciones casi olvidadas y fueron unas horas agradables. Y concluyo escribiendo esta entrada cuando la lluvia del temporal Ana se apodera de la noche y el viento silba quejumbroso en las esquinas. Entre tanto, el pueblo duerme, los árboles se mecen, por la calle brillan los regueros de agua y la lumbre que me acompaña chisporrotea en la madrugada.
    Añado además que: si el de Arriba quiere y la salud lo permite el próximo año volveré a pujar en la subasta.

Lo he visto muchas veces pero no por ello deja de impresionarme

¡Que frío!

La hice desde la baranda que quita el vértigo

Les llamé y vinieron con las orejas peinadas de hielo.

Hielo y carámbano

árboles blancos


  

El fotógrafo estuvo con su cámara acorde a los tiempos

23 noviembre 2017

Imposible olvidar


         
Por fin llegó lo que tanto esperaba: la jubilación. Después de 39 años en la misma empresa ya tocaba. Entré con melena y todos los dientes y me voy calvo y con algunos dientes repuestos. Son los daños colaterales de la travesía. Pero esto es fachada y carece de valor, lo importante es lo de dentro, el legado que queda entre la gente de tu recuerdo.
 La empresa durante muchos años fue como una gran familia. Viví muy bien y dejé vivir lo mejor que pude. Ahora es diferente, imperan las máquinas  y el individuo cada vez más se asemeja a un robot, eso es lo que buscan. Son las nuevas técnicas que quizá no entiendo porque me hago viejo y son otros tiempos. 
    A la cena de despedida acudió bastante gente. Mis colegas de equipo hicieron vídeos musicales muy graciosos, de coreografías con muñecos que llevaban nuestras caras. Alguno leyó un texto (también yo), y cantó flamenco. Y no quiero engordar esta entrada porque las imágenes dan una idea de cómo fue la noche que recordaré cada noviembre toda la vida
Final de la cena

Ese fue mi regalo.

Con mi amigo Luis (no es de la empresa) Es un genio con la guitarra y su música es la que más escucho.

Fue una sorpresa que llevaran mi batería.

Aquí comprendí por qué no querían en mi casa que subiera esa tarde a la parcela. La tenían tapada con una mampara y por eso no la vi al entrar.

Ahí lo tenéis al amigo Juan Antonio leyendo un texto, son muchas horas las que hemos compartido remando hacia el mismo lado.

Era necesario dar gracias.

Más que colegas, amigos.

Santiago David y Dj. Parry, para mi Juanito. Gran curro, montaron vídeos que fueron el descojone

Todo el mundo tiene esa vena artística que aflora cuando se está en buen ambiente.

Cuanto arte junto.

Que buen muchacho. Espero que no te dejen escapar.

Esto fue sin duda el divertimento del personal.

Solo hay que ver las caras.

Más de lo mismo, risas y  buen rollo.

Me hacía falta una jirafa (pie de plato) para la batería del pueblo. Muy útil

¿Qué otra cosa podía regalar mejor que un chorizo?

Abrazos sinceros.

Sé que lo harás mejor que yo.

Momento cena