Las agencias que programan viajes por el centro de Europa suelen ofrecer el circuito de Praga, Viena y Budapest. Nosotros elegimos cuatro días enteramente en Praga.
Un avión de la compañía Wizzair llevó desde el Prat hasta el aeropuerto de Ruzyne, a diez kilómetros de Praga.
Al salir nos esperaba un autobús con un guía checo que hablaba español. Su nombre era difícil de retener. El mismo sugirió que le llamásemos Patricio. El hombre rondaría los setenta años y en su juventud fue campeón olímpico de tripe salto. Ahora empujaba una pierna con una marcada cojera merced a una cadera recién operada. Aún así caminaba el primero con su camisa estilo mao de color gris y su banderita azul con las estrellas de la comunidad europea.
Según comentó, le complacía este trabajo y aparte le ayudaba a cumplimentar su pensión -al cambio 400 euros- Esa es la cantidad que percibía un viejo empleado del protocolo diplomático checo que había ejercido esta profesión en diferentes países de Hispanoamérica.
Durante el trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel, me sorprendió ver manzanos repletos de manzanas en las cunetas de la carretera. El terreno que veía desde la ventana se daba un aire a las planicies castellanas y tuve la sensación de que estaban abandonadas. (Esas tierras fueron una potencia en el cultivo de remolacha azucarera. Europa restringió su producción y la tierra ha quedado inutilizada. Vinieron a mi memoria las hileras de camiones junto al muro de la remolachera en Aranda de Duero, actualmente inutilizada).
Praga está poblada por 1. 200.000 habitantes y tiene una superficie próxima a los 500 kilómetros cuadrados.
El famoso castillo no se parece en nada a los castillos que yo había visto con almenas y las torres fortaleza. En su interior destaca la catedral gótica de San Pío; la basílica románica de San Jorge; el gótico Palacio Real y el palacete renacentista de la Reina Ana Jagellón de Hungría.
Dicen que es el castillo más grande del mundo. Allí está la famosa calle del Oro en la que vivían los artistas de la época. Pude entrar en la humilde casa, (hoy convertida en una pequeña librería) donde vivió y escribió el mismísimo Franz Kafka. Mi mujer me obsequió con “El médico rural” que compró allí.
Pasear por la plaza de la Ciudad Vieja y disfrutar de la música de los virtuosos artistas callejeros, ¡Que nivel!, es un verdadero placer.
Podría decir lo mismo de las panorámicas que se contemplan desde el puente de San Carlos sobre el río Moldava. Vistas que en plena noche doran en la lejanía los palacios y torres de la ciudad.
En definitiva, amigos, podría cumplimentarar varios folios para describir las maravillas de Praga, mas buscando el camino de la brevedad concluiremos esta crónica viajera de Praga, a la que también llaman: “ la ciudad de las cien torres”, “la madre de las ciudades”, o bien, “Prada mágica”.
Lanzando comida a las gaviotas desde el barco en el río Moldava. Menudo revuelo armaron. |
Que sonido más bonito sacaba este músico a esta especie de guitarra sin caja |
Yo no hice esta foto |
Un poco de humor: podría llamarse monumento al desahucio. Pero que nadie se lleve a engaño: no es un hombre que no pudo pagar la hipoteca ¡Es un muñeco! |
Delante del cementerio judío |
Y no me olvidé de Corporario, ni de la Zarza, si alguien visita el muro de garfitis de J Lennon está bien visible en la cara de Jonh Lennon) |
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Aquí vivió y escribió F. Kafka: "el médico rural". (su padre era médico y no tuvo una buena reación con él) |
Espectación para ver la salida de los apóstoles al marcar la hora. |
Coches de época al servicio del turista. Divide 1200 coronas entre 25 y ese era el precio del paseo.
Todavía dan buen servicio los tranvías |
Barcelona desde el aire |
El río Moldava |
Para que los checos cojan la caquita de os chuchos. |
¡Cómo tocaban !, que bien vendrían estas gaitas y estos percusionistas para el desfile de San Lorenzo |
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