
Estas fotos pertenecen a una avería que ocurrió en la Playa Rabasada de Tarragona. El agua del mar penetró bajo la arena y afectó a la zapata de hormigón que soportaba la farola. Como el terreno estaba reblandecido, la zapata partió la tubería en el lugar menos oportuno. Mis compañeros estuvieron formidables. Nos turnamos para comer porque la gente no podía utilizar las fuentes y las duchas. Hubo mucha presión política. Sin ninguna duda ha sido la avería más compleja que he visto. No las teníamos todas consigo, pues abajo había un cruce de tuberías de diámetros inusuales. Pero mis compañeros se portaron como jabatos y lo sacaron adelante.
Sólo quedó un mal recuerdo: me robaron el relog que llevaba de mi padre. Pero no importa pues él desde arriba me dejó ese señuelo para que jamás lo olvidara y habrá perdonado mi despite. Al fin y al cabo, es la cruz que cargo, ese despiste que siempre me acompaña. Ese día al terminar la avería nos fundimos en un abrazo entre todos como si nos hubiésemos encontrado después de un largo viaje. Vencimos la pesadilla.
