La frase del dia

29 septiembre 2011

SANTA TECLA 2011












Pasó el 23 de Septiembre, festividad de Santa Tecla, patrona de Tarragona. Mediante este relato trataré de hacer un breve esbozo de los hechos más representativos.
Podríamos decir que “Els Castells” – castillos o torres humanas- se erigen como el mayor reclamo y festejo popular.
En Tarragona existen cuatro “Collas”, que en Salamanca llamaríamos peñas o cuadrillas, formadas por ciudadanos, todos tienen cabida y no hay límite o condición de edad.
El vestuario de estas collas es el hecho que las diferencia. Visten con camisa, faja y pantalón de payés (labrador). Indumentaria que portaban los viejos pescadores y también los agricultores en el pasado.
Evidentemente, cada colla tiene un color diferente aunque presente el mismo patrón en el diseño.
Conseguir que esas torres humanas ganen altura no es tarea fácil. Para lograrlo necesitan entreno durante todo el año.

Supongo que no acudirán siempre todos los componentes de la colla, pues algunas llegan a cuatrocientos afiliados. Afiliados que ni pagan ni cobran. Imagino que cuando realizan exhibiciones en otras ciudades y también en el extranjero sí cobrarán su cachet.
Como espectáculo, impresiona ver cómo las torres van ganado altura y, a veces, cuando flaquea la estructura humana y se derrumba, los golpes son tremendos y producen lesiones, tanto a los que caen como a los que forman la piña o base de la torre. No soy un experto en el tema pero creo que el máximo logro conseguido ha sido formar una torre de nueve estratos y cinco de aro.
El día 24, festividad de la Merced, es decir, un día después de Santa Tecla, las cuatro collas compiten en un acto muy emotivo. Levantan un pilar de cuatro personas de altura. Suben y bajan los veinte escalones que llevan hasta la puerta de la catedral, bajan por la calle Mayor enfervorizados y animados por el público, cruzan por la plaza de la Fuente que termina en la fachada del Ayuntamiento. Aquí el gentío es abrumador y los aplausos silencian el dolor del esfuerzo, que alcanza su punto culminante cuando el alcalde lanza la faja(imprescindible en la indumentaria castellera porque evita lesiones lumbares y renales) desde el balcón del ayuntamiento, sin soltar un extremo y el Xaneta (niño que corona la torre) es izado hasta el balcón, es en ese momento cuando la plaza rompe entusiasmada y emocionada.
Claro está, no siempre se consigue este logro, pues, rondarán los quinientos metros de sufrimiento que tiene el trayecto. Imagina, amigo lector-a, que te ponen cuatro personas encima de los hombros y has de caminar ese trecho. Debe de ser agobiante la sensación de asfixia y el dolor de quién soporta la torre, requiere tener unas condiciones físicas especiales y una capacidad encomiable de sufrimiento.
También es importante el gran número de grupos folclóricos que participan en los pasacalles y acompañan la reliquia de Santa Tecla (el brazo).
La mayoría de estos grupos tienen su origen en la época medieval y han pasado por vicisitudes que les hicieron desaparecer. Sirva como referencia: la peste; la guerra del francés o guerra de la independencia, que asoló la ciudad y la dejó con menos de 3.000 habitantes.
Desde el año 1.387 se tienen referencias históricas sobre la existencia del Ball de Diables, que representa la lucha del arcángel contra el diablo. Esta función era representada por el gremio de los tejedores del lino desde el 1514 hasta 1804. Luego lo hicieron los del gremio de boteros hasta que desapareció. Se recuperó en 1886.
Durante su representación se encienden tracas y fuegos artificiales y la juventud corre delante evitando que el fuego la alcance.
El fuego está presente como elemento festivo en un extenso grupo de animales, unos mitológicos, otros de ámbito religioso, ambos tienen su origen en el siglo XV y son llevados por gremios y cofradías.
Existe otro grupo de animales mitológicos que nada tienen que ver con el fuego, por ejemplo: el Águila (signo que distingue a las ciudades Reales). El León, la Cucafera(cucaracha) que representa a las fuerzas del mal(ahora reparte caramelos entre los niños).
Colaboran en la festividad los grupos de baile, Bastoners , danzan al ritmo del choque de los bastones y de los cascabeles con que se adornan sus piernas y brazos. Sería muy extenso enumerar la cantidad de grupos de baile folclóricos que animan las fiestas.
Por eso rara es la familia que no tenga algún participante dentro de los grupos o actos de Santa Tecla.
Para los que somos castellanos de pura cepa, se nos hace muy difícil calibrar el verdadero sentido a todo lo que he expuesto arriba. Hemos vivido y disfrutado otras costumbres desde la infancia y eso marca. Además, el trabajo no para, es muy difícil estar en las verbenas y demás actos y levantarte a las siete al sonar el despertador.
Este año mi familia fue al concierto de Raphael (el
de “Yo soy aquel”) y otro día fuimos a escuchar un recital de fados, una de mis debilidades musicales.
No voy a pasar por alto el torneo de Frontenis de Santa Tecla, que esta vez sí, se lo llevó uno que vosotros ya conocéis. Algo es algo, digo yo. Salva



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18 septiembre 2011

La inteligencia se ve en los ojos (Salvador Hernández)

Salvador, un prodigio de memoria y reflejos mentales.



Por treinta pesetas adquirió ese traje. Un tipo elegante




Una mañana de este Agosto pasado, después de las fiestas de San Lorenzo 2011, acudí a casa de mi tío Salvador. No era la primera vez que lo hacía. En visitas de años anteriores solía contarme episodios sufridos por él en la guerra civil. Esa mañana fue diferente, logró emocionarme y emocionarse.
Previamente había consultado la posibilidad de darle forma a través de un relato. Todo fueron facilidades porque el protagonista creía tener pendiente una cuenta conmigo, de tal modo que, había mandado recados a los familiares para que me aclarasen la duda que le preocupaba.
Con premisas tan evidentes todo se me ponía de dulce. Mi familia subió a Salamanca. Llevé varios folios y cuando cruzaba el frontón me sentí un poco incómodo, pensaba que Salvador seguramente estaría esperando. No me equivoqué en mis suposiciones.
Crucé el jardín y vi que la puerta estaba entreabierta. ¡Hola! Grite. Nadie respondió. Al entrar, la habitación tenía una discreta y cómoda claridad que trasmitía el frescor que en la calle el sol ahogaba.
Salvador esperaba cómodamente sentado en un sillón rojo. Filo, mi tía, dormía apoyada sobre el brazo del butacón, que estaba unido al de Salvador.


Los besé y Salvador me comentó cómo iban los achaques.
(Cuando ya han pasado de largo los noventa es un privilegio el hecho de poder contarlo. Y Salvador tiene una agilidad mental y una memoria que se escapa de la normalidad)
“Yo quería ser militar. Tenía un primo, Francisco, que era Brigada del ejército en Tarrasa (Barcelona). Dejé el campo y en tren me encaminé a Tarrasa. A los dieciocho días después de mi ingreso en el cuartel estalló la guerra civil. Ya ves qué panorama me esperaba”
Salvador se agita en el sillón, limpia una y otra vez la comisura de los labios con un pañuelo. La televisión está apagada y la tía Feli permanece quieta con la cabeza junto al brazo de Salvador. Éste observa cómo escribo. Le miro, tiene la piel blanca y los ojos que se ayudan del sonido para orientarse. En la calle no se oye nada.
-Salvador ¿me ves?
- El bulto... ya no veo.
Alzo un brazo y le pregunto: ¿Qué mano tengo levantada?
- La izquierda.
- ¿Y ahora?
- La derecha.
Me dispongo a tomar notas sin perder nada, mas Salvador se explaya en los parentescos como si yo los conociese.


“Ya hacía un año que había salido de la Zarza y tenía como compañero en el dormitorio a un comisario político. Fue el responsable de que de que me nombraran cabo del ejército republicano”
“Estuve en muchos frentes, Fornillos, Jaca, Barbastro, Quinto de Ebro, Sástago, por dónde pasa el Ebro, Caspe, Alcañiz, etc. Un día estábamos dentro de un búnker, yo llevaba una ametralladora, primero la checa, que tenía el cañón como de plástico y se calentaba; después tuve la metálica”

Salvador perdió por momentos el recuerdo del suceso que me quería contar, casi al instante retoma el hilo sin que yo haya hecho nada por recordárselo.
“Lo del búnker, estábamos en lo del bunker, sí, salí fuera y tenía a escasos metros los soldados nacionales. – ¡Que salgan todos!- ordenó el mando de los nacionales al ver que mis compañeros continuaban en el bunker. Los pobres estaban aterrados. Yo también. Ese día pensé que no salía vivo de allí. Me lanzaron una granada que pasó muy cerca. Pero tuve suerte y seguí vivo”
Por mi cabeza pasó la idea de preguntarle por los compañeros del búnker, pero no quise distraerle ni incidir en nada si él no lo comentaba.
“Mas adelante pude reunirme con republicanos en retirada, porque la Artillería de los nacionales nos obligaba. Nos agrupamos y yo era el único mando del grupo. Esa noche tuve un incidente que me marcó para siempre. Sucedió a la hora de asignar los centinelas que cubrirían la noche para avisar si merodeaba el enemigo.
-Tú harás la primera guardia, le dije a un soldado. Se negó, justificó que tenía mucho miedo.
Todos teníamos miedo, pero era la guerra, y si perdía la autoridad, en tales circunstancias, todo se perdería.
Desenfundé la pistola y le apunté a la cabeza.
-¡Si no lo haces te pego un tiro! – amenacé.
- Mátame.
No tuve valor, en ese momento supe que yo no servía para matar. Su turno de imaginaria lo tuve que hacer yo.”


CONTINUARÁ.

16 agosto 2011

Coletazos de un verano





San Lorenzo 2011 ya es un recuerdo más. Un recuerdo latente porque está vivo aún.
Yo llegaba desde Cataluña con una necesidad inminente: aplacar las altas temperaturas de la costa. La memoria me traía, como deseo inexorable, los paseos nocturnos que iba a realizar por la carretera, paladear el bullidor silencio del pueblo, y sobre todo, el ansiado frescor de la brisa nocturna.
Iniciamos el viaje alrededor de la cuatro de la tarde, con calma y seguridad, siguiendo las pautas recomendadas de descanso. Avistamos las luces doradas de la Zarza cuando el reloj del salpicadero marcaba las 2 de la madrugada.
Al rebasar las primeras casas intentamos mitigar el ruido que podía producir el remolque con la moto encima y optamos por continuar carretera abajo porque el firme es más homogéneo y no encontrariamos baches. El cuerpo ya era victima del cansancio y la cama esperaba a escasa distancia. Gracias a Dios todo había ido bien.


Al girar en la esquina del abrevadero esperaba encontrar la calle desierta. Pero no, un círculo de gente permanecía sentado alrededor de una mesa en plena calle y departía tranquila y amigablemente, como si la hora no les preocupara. Eran mis compañeros lagartos. Simulé que las ganas por llegar me impedían verlos y continúe. Al instante escuchamos sus voces. Detuve el vehículo y nos saludamos efusivamente.
Empezaban las bromas y la fiesta. Tomamos asiento a su lado y nos pusieron al corriente de las novedades. No estaban todos y se notaba en la prudencia del ambiente.
Al día siguiente nos acercamos hasta la casa de Juan Torres y le entregamos un ejemplar de su novela: LOS VICIOS DEL EDÉN.
Fueron instantes para enmarcar. La examinó con rigor y agradeció reiteradamente la labor efectuada por la editorial.
Estaba exultante con la nueva criatura entre sus manos y se notaba que la emoción caminaba por su mente al filo de la navaja.
El pueblo ya presentaba un aspecto festivo. La chiquillería corría ávida de diversión y los autos buscaban la sombra y el acomodo en cualquier rincón.
Actos religiosos, folklore charro, exhibiciones, concursos, teatro, espuma, co midas populares y la bullanga matinal de los pasacalles que sonaron insistentemente, todo en honor del patrón San lorenzo.
En la peña “Los Lagartos” se sucedieron comidas, meriendas y cenas y el esperado desayuno con chocolate y churros calientes.
Aumentó la participación en el desfile y la originalidad volvió de nuevo.


Al finalizar las fiestas los lagartos se reunieron para fomentar iniciativas nuevas con respecto al próximo verano. En principio, con la intención de hacer acopio de ideas hasta Semana Santa. Algunos con la tarea definida para lograr subir el listón de diversión de cara al San Lorenzo 12. Y en ésas estamos.
Hoy ya se nota la ausencia de quienes tuvieron que marchar por imperativos laborales, o bien, por alargar sus vacaciones en otro lugar. Y los que aún estamos en Zarza, tratamos de parar
el tiempo para engañar la realidad que se afana el recordar que nuestra salida no permite demora alguna.






La estación espacial dejó ver su resplandor poco antes de que entrara el nuevo día



Pasacalles matutino

La primada recuperando energía


Ignacio y Angélita (Los jefes)en plena parrillada





Desde Valencia: Paquito chocolatero

Público fiel



Bailongos callejeros



Orquesta de improvisación lagarterana

Preparativos



Silencio, se rueda: ¡acción!



la alegría acude a la llamada





Ya dejamos atrás el convite de Rosa (Gracias, siempre rompe el fuego)



¡Ay Andrés, que el barco zozobra otra vez!


Juan Torres Montes y su obra






18 junio 2011

AVE ERRANTE

Que no aberrante, que suena igual. Pues soy muy normal. Aunque mi vida...mi vida es una caja de sorpresas.
Ahora bien, mi verdadero nombre no se diferencia mucho del que tienen las setas, algún jarabe o cualquier mariposa, incluso hasta el de los árboles suena igual; ejemplos tan dispares que tienen su origen en el latín. Para los eruditos soy Corvus-
Albus, o lo que es lo mismo en lenguaje cotidiano: Cuervo blanco, mas vosotros me diríais cueva blanca.








Por decirlo de algún modo, soy emigrante, aunque esa definición no es correcta, ciudadana del mundo quedaría mejor, pues no conozco fronteras, ¡claro está! hasta que vine aquí.
Nací en el África, en la zona de Cabo Verde y, como en el cuento de Oscar Wilde “EL PRINCIPE FELIZ”, donde una golondrina se enamoró de un junco, a mí me sucedió algo parecido: ¡me enamoré del viento! Ya verás que el amor viene y va en mi vida como ese viento que fue mi amor primero.




Descubrí su fuerza y cruzamos felices la selva y los desiertos. Nos acurrucábamos durante las noches quietas en la sabana. Todo aquello colmaba mis más recónditas ansias de felicidad y pensé que sería así hasta el final. Al llegar a la costa su aptitud viró de un modo inesperado hacia el mal, se tornó violento y zarandeaba furioso los barcos que encontrábamos en alta mar. ¡Qué quieres que te diga!: para mi fue un duro desengaño. Tuve que abandonarle una tarde cuando sacó a flote toda su violencia enzarzado en una trifulca con las olas.
No muy lejos vi un carguero. Las gaviotas me recibieron celosas pero las ignoré. La tripulación ni se inmutó con mi presencia, continuaban con sus tareas rutinarias y tuve la impresión de que no les preocupaba nada más.
Un amanecer el carguero atracó en las dársenas del puerto de Barcelona, continué de polizonte, pero a la tercera noche me capturaron por sorpresa.
Cruce la ciudad en un furgón y fue horrendo escuchar la jauría de ruidos desagradables que se produjeron durante el trayecto. Por fortuna tardamos poco en llegar a mi nueva morada, un parque con el cielo tramposo, mutilado con redes casi invisibles que impedían mi libertad una y otra vez.
Pasaron varias semanas, algunos días me llevaban a una sala donde medían mi cuerpo. Supuse que me harían un traje de pelo como el de los chicos feos de dientes prominentes que sonreían colgados de los árboles, pero no, no hubo ningún vestido, sino una pulsera verde que gustaba al personal por el modo en que la miraban y tocaban.
Definitivamente aquel lugar no era para mí, y una mañana que mis guardianes se confiaron mientras me hacían fotografías, vi una ventana abierta y no lo pensé. Escuché sus voces de alarma, mas yo deseaba con todas mis fuerzas llegar hasta el silencio del desierto y a mis aldeas africanas. Bordeé la costa en busca de algún carguero y fue en plena fuga cuando lo descubrí: un pino altanero se mantenía desafiante mirando al mar en un precioso acantilado.
Con él conviví varias semanas, dijo que estaba cansado, que todos sus compañeros habían sucumbido a los cantos de las olas y la arrolladora música del oleaje. Era evidente, a su lado, se postraban humillados todos los árboles del bosque.
Una noche de verano descansaba yo recostada sobre su tronco cuando se desencadenó una cruenta batalla en el firmamento. Rayos y truenos resquebrajaban el suelo y en pleno fragor mi pino valiente fue cercenado y engullido por la voraz marea.
Me alejé de allí y descubrí una ciudad. Observé que había ruinas de viejos antepasados y me dije: Si los sabios la eligieron como asentamiento fue porque les pareció un lugar hermoso dónde habitar. Y me quedé.
No tardó mucho en volver el desencanto que últimamente me acompañaba como una sombra de mi existencia. Cerca de allí se elevaban en medio de los avellanos y a la vera de un río muerto unas chimeneas gigantes que vomitaban un humo negro y pestilente.
Busqué refugio en la parte más alta de la ciudad, sobre una colina en la que destacaba un moderno edificio acristalado.
En un principio creí que moraba en su interior alguna hermana que disfrutaba burlándose de mí. Siempre estaba en la puerta del ascensor, si yo me acercaba, ella hacía lo propio, me alejaba y, al girarme, ella hacía lo mismo.






La reprendí y al mismo tiempo me reprendió. Creí volverme loca y cuando me disponía a marchar desapareció. Fue entonces cuando comprendí que estaba ante un espejo y me recree contemplándome. Al llegar la noche el espejo se tornó oscuro y por primera vez recordé a los chicos feos y peludos del parque que me sonreían mientras se descolgaban de rama en rama. Después de todo, habían sido simpáticos conmigo, al menos eso me pareció por los gestos ya que su idioma era nuevo para mí.
A primera hora cada día las personas que habitaban el edificio dejaban comida junto al espejo y hubo un tipo que me visitaba frecuentemente. Consiguió mi confianza y permití que se acercara más que ningún otro. Un atardecer que llovía de manera copiosa vino con una jaula y me capturó.
No le resultó fácil pues en la trifulca le lastimé aunque de poco me sirvió. Por lo que pude oír era cuidador de animales y me dijo que mi lugar no era ese. Instantes más tarde llegaron dos individuos con un uniforme que yo ya conocía y que vestían los guardianes del parque.
Me introdujeron en una furgoneta y me trajeron de vuelta al parque del cielo tramposo. Creo no equivocarme si pienso que pretenden que pase aquí el resto de mi vida, pero no saben que mi amor platónico un día se hará realidad, ¿Quién es? ¿Cómo se llama? Es muy sencillo, atiende por Libertad.



13 mayo 2011

TOSTADAS CON MIEL Y MANTEQUILLA.

AL FONDO: IL DUOMO








El título es simplemente una forma de dar comienzo a mi relato sobre en reciente viaje por tierras lombardas.
Y viene a cuento porque cuando viajo a lugares en los que no sé qué voy a encontrar a la hora de comer, tiro del refranero popular porque más vale pájaro en mano que ciento volando. Por eso, tostadas de pan con miel y mantequilla, acompañadas de zumo es un desayuno que puedes encontrar en cualquier ciudad de Europa.
Así pues, como no soy un aventurero en probaturas exóticas y mi estómago es agradecido, me aplico de veras por lo que pudiera pasar…





El Ferrari de Michael Schumacher


No es nada del otro mundo ese almuerzo y ni siquiera es preciso realizar un gran dispendio, pensarás, y no estás exento de razón. Sin embargo, conviene reseñar que, en el día a día el tiempo va más deprisa que en época vacacional, aunque las manecillas del reloj avancen con idéntica velocidad.





Los italianos viendo el final del Roma - Milán, luego la celebración


Ese condicionante de nuestra vida, las prisas y los problemas cotidanos desaparecen si estás en otro país y sabes que nadie te va a necesitar.
Por eso, te permites untar con calma las tostadas y comentar con tu pareja las agradables sorpresas que vas encontrando, que no inesperadas, pero sí desconocidas, del lugar dónde estás.
Mi mujer y yo partimos en avión desde Reus y una hora y media más tarde aterrizábamos en Bérgamo (Italia), es decir, a 45 kilómetros de Milán, la capital lombarda. Hoy el mundo es puro negocio y ya en el avión las azafatas nos ofrecieron los billetes de su línea de autobuses de ida y vuelta de Bérgamo a Milán.





Enma BONINO (Parlamentaria italia premio Principe de Asturias de cooperación internacional, por lo que nos concierne, fue la negociadora para liberar un pesquero español apresado por la marina canadiense; fe elegida responsable europea de agricultura y pesca)





Marco Pannella, un político del Partido Radical, conocido por sus aires libertarios, contrario a las prohibiciones, que se declaró bisesual. Partidario de la lucha sin violencia, protagonista de huelgas de hambre y contrario a las nucleares y al hambre en el mundo.




Un rincón de Bérgamo


Milano, como lo llaman los italianos, es una ciudad en la que viven 1. 300.000 habitantes. También es presa de la globalización y por sus calles caminan gentes de todas las razas. Me sorprendió la gran cantidad de gente que se desplaza por sus calles en bicicleta. Nuestro hotel estaba situado a trescientos metros de la Estación Central, el verdadero eje que aglutina toda la ciudad, desde la que parten trenes, autobuses y las líneas del metro.
La primera tarde visitamos “Il Duommo”. Me llamó la atención su blancura marmorea y el brillo dorado de la Madonina, una estatua de bronce recubierta de oro que corona uno de los cuatro pináculos de la fachada.
Sus ciento cincuenta y cuatro metros de altura la convierten en el techo de la ciudad. Y como lo divino está por encima de lo terrenal no permitieron que la famosa torre Pirelli superará los 127 metros de altura.
Es todo un espectáculo ver la tonalidad de colores que se producen en el interior del Duomo cuando a media tarde el sol cruza sus rayos sobre los vitrales, los más grandes del mundo.
Me llamó la atención de un modo especial las esculturas del exterior, pues parecen suspendidas en el espacio y me preguntaba con la lógica admiración: “¿Cómo podría aquella gente adherirlas a la catedral sin que se partieran por su propio peso y que aún permanezcan ahí soportando la erosión y los terremotos sin estar dañadas? ¿Qué artistas eran capaces de esculpir aquellos pectorales y abdominales tan perfectos?, pues, ni los modelos de hoy en día con la ayuda del fotoshop son capaces de ofrecer tanta armonía y perfección".





Galerías Vittorio Enmanuelle


En su día, en gran Bazar de Estambul me impresionó por la luminosidad de sus escaparates y los portadores de té, los reclamos en las puertas de las tiendas invitándote a entrar, la gran cantidad de pasadizos repletos de tiendas y todo el ambiente que allí se movía quedaron grabados en mi memoria en lugar preferencial.





El Milán ganó la liga y el perro llevaba la camiseta de GATTUSO.
Hago este receso porque Milán cuenta con las galerías Vittorio Emanuelle cubiertas con bóvedas acristaladas. Pasear por ellas en un deleite para la vista y el oido.
Sus cuatro calles están ocupadas por restaurantes con terrazas y tiendas de moda y joyería de las más prestigiosas marcas. Si a eso le pones la música en vivo de un piano y un violín dónde se cruzan las calles, ese paseo, mejor dicho, ese momento, será dícil de olvidar.
Sales de las galerías y te das de bruces con la estatua de Don Leonardo da Vinci, que mira de frente al Teatro Alla Scala y deja a su espalda el palacio Marino -sede del ayuntamiento- increíble personaje Don Leonardo quien hasta posando para los restos nos dejó un mensaje subliminal: ¡Admira el arte y da la espalda a la política!





Teatro Alla Scala de Milán


Visitamos el castillo de los Sforza y claro está la iglesia de Sante Marie delle Grazzie donde está el fresco que pintó Leonardo Da Vinci. Y que sirvió de inspiración a D. Brown para escribir"Código da Vinci"





Santa Marie delle Grazie





Hice esta fotografía y los duendes de Da Vinci me dejaron esto




El castillo de los Sforza

Al día siguiente nos acercamos en tren hasta el lago Como. Aproximadamente tardó una hora en recorrer los 70 kilómetros que separan Milán de Como. Subimos en el teleférico para ver la ciudad y el lago bordeado por los Alpes.

En fin, creo que me estoy extendiendo más de lo que permite tu paciencia. Subimos al avión y pude fotografiar los Alpes nevados.







Lago COMO

Al día siguiente me incorporé al trabajo y fue duro volver al ritmo de los cierres de mes y todas esas historias que no vale la pena contar. Aunque tengo muy presente que si no fuera por eso no podría viajar y a ti te afectaría porque no habría otra crónica viajera más que mis desplazamientos a la parcela, y eso, querido amigo, como bien supondrás, es bastante vulgar. Hasta otra.


Los Alpes desde el avión