La frase del dia

04 marzo 2012

NUNCA OS PERDONARÉ

Mi estado anímico durante estas fechas está en el punto más bajo. Creo haber sido siempre una persona optimista y fuerte porque veía el futuro con ilusión y esa ilusión me empujaba al esfuerzo y a lograr pequeños objetivos en mi porvenir.
Nací en un pueblo humilde de Castilla, con muy pocos años alterné escuela y labores en el campo.
Aquel que no sepa cuál es el pueblo más bonito de España le diré que se llama Corporario.

Para estudiar tuve que marchar lejos a otra ciudad. Solo. Mis compañeros de internado religioso lloraban, mas yo jamás solté una lágrima porque recordaba que en mi casa la vida era mucho más dura.
Al cumplir la mayoría de edad emigré a Cataluña y aquellos primeros años de infancia y posterior adolescencia, más el ejemplo de mis padres con su generosidad ante el esfuerzo, se erigieron como base de mi actividad laboral.
Aqui está mi otra compañera mientras las fuerzas lo permitan. Se nota que cené bien.

Actividad que alterné como músico en un grupo de verbenas allá por los años 80. Fueron muchas noches de sueño por carreteras desconocidas, de esperar dormido en el coche con el cuerpo reventado, confiando en que mis compañeros me despertaran al verme en el aparcamiento del trabajo. ¡Que sana envidia me daba verlos bien peinados y con la cara tersa!
Llevo más de treinta años en la misma empresa, a la que entregué y entregaré cuanto pueda. Soy el responsable de un equipo de trabajo y con ellos he sufrido en sus desgracias y he reído con sus anécdotas.
Momentos que se anclan en los recuerdos

Siempre he tenido en mente que todos no tenemos la misma capacidad de inteligencia, destreza, sufrimiento y arrojo, pero por encima de todo, somos personas con sentimientos y con una familia detrás, que, en muchas ocasiones, no es culpable de tener el calavera que Dios le dio por padre.
En definitiva, todos tenemos una parte buena, tanto en lo laboral como en lo humano, y es obligación del responsable canalizarla y desarrollarla.
Estoy casado con una gran mujer y Dios me dio dos hijas de las que me siento muy orgulloso.
Ellas han seguido esa estela familiar y lograron sendas carreras universitarias alternando estudios y trabajo.
Yo quería que se dedicaran únicamente a estudiar, pero esas reminiscencias de sus abuelos les infundieron un amor propio del que me siento muy dichoso.
AHORA ME DICEN QUE SE VAN porque en este país no hay futuro: "No podemos contratarte porque con tus estudios tendrás otras aspiraciones". Esa respuesta era habitual al terminar las entrevistas.
Usureros ambiciosos y cobardes ignorantes con poder, que trepan en la sociedad dejando cadáveres por el camino, son los que hacen un daño irreparable. Por eso este país va a la deriva.
No odio, porque la vida me enseñó que ese sentimiento le roba tiempo a las cosas buenas. Sin embargo, siento pena por estos ineptos dirigentes políticos que tenemos al frente, y me da igual el color o la tendencia. Todavía estoy esperando que brote en alguno un atisbo de dignidad y rompa con todos esos privilegios que ellos mismo se han auto concedido.
Mi ideal de país sería aquel en el que las personas válidas, con una capacidad contrastada en la actividad empresarial, trabajaran para el conjunto de la sociedad, sin más privilegios ni más salario que el que percibía antes de trabajar para los demás.
Y no como ahora, que- salvo algún raro ejemplo- utilizan la política para lograr un buen salario.
Nos dicen para justificar los ajustes”: HEMOS GASTADO MUCHO". ¿Quién ha gastado mucho? ¿Nosotros? En nuestros hogares nuestras mujeres son las mejores directoras financieras del país y nunca rebasan el presupuesto con el que cuentan.
Resulta que las autonomías se han endeudado. Pues muy bien, eso sucede por el incompetente que adjudicó obras sin ton y son porque ya pagará el que venga detrás. (y no quiero pensar mal de lo que se pierde por el camino)
Pues no, señor fiscal general, aquí cabe una auditoria exhaustiva, y, si el susodicho dirigente estiró más el brazo que la manga que pague por ello, pues sus honorarios rebasaron en mucho los del mejor profesional del ramo.
¿Cómo nos va a ir, si ponen de jefe del ejército a una señora que en su puñetera vida disparó con una carabina?, ¿Acaso no hay militares honestos para ese cargo?

Arriba del todo, dónde se cuecen las decisiones ha de haber profesionales, no políticos envilecidos por el poder. ¿No os dais cuenta de que hace más de treinta años que siempre vemos las mismas caras?, Por algo será.
Me gustaría saber cuál es la razón que frena la actividad empresarial en España. ¿Los trabajadores? No lo creo.

Más bien será la corruptela y falta de crédito y seriedad política lo que les espanta. El trabajador es como un grano en un desierto de arena porque las empresas tienen sicarios para hacer mobbing o mezquindades parecidas a quién les convenga.

¿Y la banca?, ¿Dónde está su profesionalidad, su buena asesoría?: "Mire señor, ya que compra el piso, aumentamos el crédito tres millones más y cambia el coche también, ya ve señor cómo nuestro banco se preocupa por usted", ¿Os suenan estas palabras en la voz de alguno de vuestros compañeros?
Mientras no haya mecanismos gubernamentales que acaben con los paraísos fiscales siempre existirán sanguijuelas dispuestas a perpetuar su riqueza por los siglos de los siglos a todas sus generaciones venideras.
Ahora nos cae toda esa mierda encima, aumentan nuestros impuestos para paliar sus errores. Mientras ellos siguen cobrando varios sueldos, consejero de no sé que, portavoz de, vocal de, etc, etc.
Rompen nuestras familias con los daños colaterales que conlleva al dejar a su parejas aquí; destrozan un hermoso país por culpa de su ciega incompetencia.
Como dije más arriba, "señores políticos":no os os odio porque no anida en mi ese sentimiento. Sin embargo, quiero que sepáis que os detesto con todas mis fuerzas por vuestra inutilidad y que jamás os perdonaré haber obligado a mis hijas a comenzar desde cero en un país extrangero.

07 febrero 2012

San Blas en Corporario

Los pendones son las banderas, no los portadores.


Se inicia la procesión bajo un sol luminoso y frío


Paella popular


El coso taurino fotografiado desde el campanario


Vicente "León" con sus gracias hizo la cena más que entretenida.


Cualquier lugar era bueno para degustar el arroz


Afectuosos encuentros, Tarragona, Valladolid y Logroño

Que foto más guapa para verla desde el sofá de casa



Agradable sorpresa. ¿Le conocéis?


La presidencia durante el festejo de las vaquillas



Afortunados los que tenéis pueblo. Eso me dijo un día un amigo y comprendí que no estaba exento de razón.
Veinte años eran los que habían pasado desde la última vez que disfruté de la festividad de San Blas en mi pueblo, Corporario.
La decisión de acudir fue casi repentina; por una parte, sólo me frenaban los pronósticos de los hombres del tiempo; por otra, una potente dosis de nostalgia y el hecho de acompañar a mi madre en su regreso Salamanca me empujaba.
Desde Corporario me dijeron que llevara prendas de abrigo porque allí ya había llegado el frío.
Sin embargo, soy de los que piensan que para valorar el verano hay sufrir los rigores del invierno, eso sí, con la ventaja de saber que pocos días después volverás al calor ambiental de casa.
La lluvia nos acompañó durante algunos tramos. El viaje no se hizo pesado porque hubo un amplio repertorio de chistes y anécdotas. Quizá también porque, aunque nadie lo dijera, todos teníamos dentro la alegría por la vuelta a tan entrañable fiesta.
En mi adolescencia era el día más importante del año. Recordaba “San Blas” con el muñeco gigante de nieve en medio de la plaza de la iglesia; los días de sol con las carameleras que llegaban a primera hora e instalaban sus paradas; el tañido estridente y continuado de las campanas durante la procesión; los cohetes ascendiendo veloces hasta la fugaz detonación, y los pendones ondeando al viento como avanzadilla de la fiesta en su vertiente religiosa.

Después llegaba el esperado convite que corría por cuenta del vecino que adquiría el rango de patrón para honrar al santo.
En aquel tiempo, si la climatología lo permitía, se disputaban partidos de pelota a mano entre los mozos. Encuentros que contaban con la afluencia de espectadores del pueblo y también forasteros.
Esos eran mis bucólicos recuerdos, los que tenía bien enraizados. ¿Sería muy diferente ahora? ¿Quedaría algo de todo aquello? Me preguntaba en mi regreso.
Y como es normal la evolución también llegó a San Blas. Si bien, el sentido religioso perdura en igual medida. El convite ofrecido por el ayuntamiento quizá sea más variado y cuantioso, aunque condicionado esta vez por el frío.
Los tres bares estaban repletos de visitantes. Pude ver y conversar con gente que hacía mucho tiempo que no veía. Cierto es que voy en verano, pero con algunos de mis paisanos no coincidía.
Hubo campeonato de petanca. En la carpa disfrutamos de bailes charros amenizados por el tambor de Afrodisio, de Vilvestre (que participó en el programa “TU SI QUE VALES”). Las mujeres de Corporario nos deleitaron y sorprendieron con elaboradas coreografías de baile.
Por allí encontré al amigo Félix Carreto con sus cámaras. Juntos compartimos la paella popular en la plaza, que registró una participación exitosa, y en los postres amenizaron la velada los tamborileros de Aldeadávila entre los que actúa mi amiga Carmen.
Hubo dos vaquillas para los corredores. Por la noche se celebraron las verbenas en la carpa y las orquestas ahuyentaron el frío.
En definitiva, creo que el viaje cumplió con mis expectativas.
¿La vuelta? Eso ya fue otro cantar, en la provincia de Soria, por la zona de Calatañazor, nos cruzábamos con las máquinas quitanieve y avanzábamos despacio siguiendo la estela que dejaban sobre la nieve las roderas de los camiones que nos precedían.
La nieve es mágica, incómoda y desapacible, aunque también hermosa si la ves en fotografía al pasar los días.
Esta vez en el viaje no hubo aviones, ni trenes, ni cruceros. He visitado unos cuantos países y, si Dios quiere, espero visitar muchos más. Sin embargo, mi pueblo siempre estará en lugar preferencial, aunque no tenga pirámides, ni catedrales, ni lagos, ni rascacielos, no le hace falta porque en mi existencia representa algo más.

Sus lugareños me inculcaron unos valores y sus calles me dejaron recuerdos bellos e inmunes al tiempo, y claro está: por uno y otro motivo he de estar más que agradecido.

07 enero 2012

Valle de Boi

Embalse ESCALES




Para ver bien esta fotografía es necesario ampliarla, los rectángulos blancos indican dónde están los escaladores.



Iglesia de Boi



¿Nos hacéis una fotografía?. Ahora con esta camara. También con este teléfono. etc

¿Os importa hacérnosla a nosotros?


Asomó el duende del valle e Boi

Se rompió el encanto

¿Homenaje al cabrero? con figuras metálicas.


Castillo de Benabarre (Lérida)


Correremos para ahuyentar el frío


El muñequito de nieve estaba esperando


Vhiella, que fría y que rica estaba el agua de la roca.



Según los estudiosos del calendario Maya nuestro mundo llegará a su fin el próximo mes de diciembre. No sé porqué estos " visionarios profetas" siempre auguran tragedias y nunca nos deleitan con noticias agradables.

Cuando entramos en el año dos mil apareció un grupo de gente que se encerró en una masía en un pueblo de Tarragona. Estaban convencidos de que esto se terminaba. Incluso salieron fotografías y declaraciones en la prensa provincial.

Estaban equivocados en sus predicciones y nunca más se supo de éllos y el mundo continuó instalado en la normalidad.

Y te preguntarás, amigo lector, a santo de qué viene esta parrafada. Pues porque aburre ya el tema de la crisis, los recortes, todo ese panorama verdaderamente oscuro que nos presentan. Sólo falta que, encima de la que está cayendo, vengan estos iluminados para anunciarnos la catarsis total.

¿Sabes que te digo?: que no me creo absolutamente nada.

Pensar tanto en el futuro hace que nos olvidemos del presente. Y es una pena porque el paso del tiempo es algo que no tiene regreso.
Reconozco que en otro tiempo yo era una víctima de futuros proyectos e ilusiones que cuando no se cumplían dejaban un regusto amargo e infeliz. Por suerte, la ambición sigue estando a mi lado, pero controlada y serena.

Desconozco qué lo motivó, ese cambio en mi, ¿serán los años que van pasando y eso nos hace más racionales y que valoremos más lo sencillo? ...posiblemente.

El caso es que cada día que amenece ha de ser motivo suficiente para dar gracias a la vida. ¿o no?

Yo me aplico el cuento y, cuando la ocasión es propicia y el tiempo lo permite, hago acopio de mis bártulos y pongo rumbo a otros lugares que me puedan aportar algo bueno y placentero.

Por eso, este fin de año, las circunstancias nos llevaron al Valle de Boi. Ya había estado allí tocando hace muchos años. Pero eso no quiere decir que lo conociese en profundidad.

Ahora tuvimos la oportunidad de dedicarle un buen fin de semana.

El Valle de Boi se encuentra en los Pirinéos. A caballo entre Lérida y Huesca. Antes de ir preparé el coche por si nos encontrábamos con las carreteras nevadas.

No es nada fácil poner las cadenas si habitualmente no lo haces. Llegué incluso a meter el gato para levantar el coche, pues ni mi vecino (que es un tipo instruido en muchas cosas) ni yo, encontrábamos el modo de pasar la cadena por debajo de la rueda. Mi vecino abandonó la causa, yo no podía hacer lo mismo y seguí dándole vueltas-nunca mejor dicho- a la rueda y a la cadena hasta que logré ponerlas.

Al llegar a casa tiré de esa herramienta que se llama internet y visioné varios videos de montaje de cadenas y salvo el hecho de levantar el coche, lo estaba haciendo de una manera correcta.

El mapa meteorológico del telediario catalán incluía el signo de nieve sobre la zona del valle. Al fin y gracias al refranero popular por aquello de que "preguntando se llega a Roma" despejamos las dudas.

- Hola, buenos días, le llamo desde Tarragona porque tenemos una reserva para fin de año en ese hotel y quería saber si es necesario llevar cadenas para desplazarnos por ahí- pregunté.

-¿Cadenas?- se extrañó la recepcionista y luego añadió- si tenemos muy buen tiempo. Además, si nieva ya estamos aconstumbrados y disponemos de medios para solucionarlo.

Por si acaso, el paquete de cadenas fue en un rincón del maletero y el depósito lleno de combustible.

Salimos a media mañana, sin prisas ni agobios de ningún tipo y con una única preocupación, si es que puede llamarse así, que no nos sorprendiera un radar de esos inesperados, más bien camuflados para asestar el hachazo por alguna carretera en obras, porque cuando los anuncian no asumo ningún riesgo y voy por debajo.

Como te decía, a medida que te acercas a los pirineos, el paisaje se vuelve agreste y montañoso. La carretera avanza por la falda de las montañas y, en muchos tramos, a la vera de los pantanos que almacenan el agua de los Pirinéos.

Desde el hotel nos desplazamos unos veinte kilómetros hasta dónde partían los todoterrenos que suben hasta el parque.

Cruzamos un pueblo que se llama Borruera y llegamos a Boi. Allí, en la plaza de la iglesia, esperaban los vehículos que salían cuando se ocupaban todos los asientos.

Desde esa plaza hasta la parada del valle hay que recorrer una distancia aproximada de doce kilómetros. Nadie puede subir con coches particulares, ni motos , ni bicis. La carretera es muy estrecha y no siempre tenía defensas que nos protegieran de aquellas barrancas.

Una vez arriba, me sorprendió la gran cantidad de gente que había, pues, el día tampoco estaba para muchos paseos, hacía frio y el viento cortaba, el cielo era plúmbeo y por momentos asomaba un sol esquivo entre las nubes. Además, durante todo el paseo nos acompañó una cortinilla de nieve inconsistente y constante, pero soportable si se va convenientemente abrigado.
¿Qué decir de esos lugares? pues que es un bálsamo para todos los sentidos. Todo está limpio y bien cuidado. La gente senderista es amable y educada. No se ven latas ni bolsas de plástico ni restos de comida por ninguna parte. Los excursionistas respetan senderos y montes.

La noche de fin de año fue como todas las noches de fin de año. Las doce uvas y los mejores deseos para el año que entra, los brindis, el cotillón con sus serpentinas, máscaras, matasuegras y sombreros de fantasía. la música y el baile.

Al regresar, optamos por hacerlo por una ruta diferente. Nos detuvimos en un pantano (Escales- Escaleras) que tenía unas vistas impresionantes. Avanzamos caminando por el dique de la presa y pudimos ver una placa grande que homenajeaba a los que murieron durante la obra.

En ese momento escuchamos unas voces que rompieron el silencio reinante. Tratamos de localizar de dónde provenían y aquello se convirtió en misión imposible. Al final mi mujer vio a un individuo que parecía suspendido en la vertical de la ladera rocosa. Eran escaladores.

Les observamos durante un buen rato. Se movían con mucha cautela y hablaban entre ellos. Gravé varios videos, todos mal porque era muy dificil dar con los escaladores en aquella pared tan inclinada y extensa.

Visitamos el castillo de Benabarre (Lérida) y a media tarde entrábamos en nuestra casa.

Si Dios quiere, la economía lo permite y las circunstancias no lo impiden, cuando llegue la primavera volveremos allí, porque, tal y como dicen los nativos de la zona, es en ese tiempo cuando el valle muestra su belleza más esplendorosa. Por tanto, esperaremos la primavera.

12 diciembre 2011

VENECIA















Iglesia de S Antonio ( PÁDOVA)



BURANO



Catedral de S Marcos











Entrando en Venecia




















BURANO






S Antonio de Padua











Desde hace mucho tiempo deseaba visitar esa ciudad. Había oído hablar tanto de sus palacios y de su idiosincrasia como ciudad, que ardía en deseos por descubrirla y ver qué sensaciones me producía.
Lamentablemente la salud no me acompañaba al cien por cien, por eso tomé mis precauciones. No podía aplazarlo pues era un viaje concertado y las fechas no se eligieron al azar, sino que se combinaron de manera que perdiese los menos días posibles de vacaciones.
Partimos desde Barcelona y el vuelo duró una hora y cuarenta minutos. Venecia tiene dos aeropuertos, Treviso y Marco Polo. Nuestro avión tomó tierra en Marco Polo. Este viaje lo organizamos nosotros, por tanto, no había agencia que nos preparase las excursiones como otras veces.
Desde el aeropuerto hay, que yo sepa, dos opciones para llegar hasta Venecia, bien en autobús, o en vaporeto.




Después de una larga caminata con la maleta rodando a través de un largo y estrecho corredor protegido con uma mampara, que nos guarecía de la lluvia de mojabobos, llegamos al embarcadero que el viento zarandeaba con bastante fuerza sobre el agua.
La inestabilidad de aquella ruda plataforma metálica era un indicio de lo que íbamos a encontrar. Me sorprendió que su seguridad la proporcionaran unos troncos gruesos amarrados con cadenas en la parte superior e incrustados (tal y como me dijeron después) sobre el fango del agua.
El vaporeto avanzó a través de la laguna por una especie de “Autopista” enmarcada por troncos numerados que se sucedían marcando la ruta. Nos cruzábamos con otras embarcaciones que navegaban en sentido contrario.
A medio camino del trayecto encontramos a dos hombres que caminaban por el agua fuera de los pilotes de delimitación con sus respectivas escopetas y protegidos con petos de goma.
-
O esto es menos profundo de lo que parece o esos dos hombres llevan zancos- le dije a mi mujer, y argumenté- con tan poco profundidad estos barcos tan grandes encallarían.
Nuestro hotel estaba a unos doscientos metros de la plaza de San Marcos y más o menos a unos cien del Gran Canal.
Ese atardecer visitamos un museo de música en el que se exponían instrumentos de músicos celebres (Vivaldi era veneciano). La plaza de San Marcos iluminada es algo verdaderamente espectacular, de una belleza que sólo se imagina en los mejores sueños.



Al día siguiente hacía frío y viento, aunque un titubeante sol animaba a algunos valientes a tomar café en las terrazas de las cafeterías, donde una orquestina de música de cuerda, bajo un toldo que cubría el arco de la fachada de la cafetería, interpretaba temas populares.
Las góndolas, los vaporetos y toda clase de embarcaciones agitaban el agua de Gran Canal, sobre éste vertían sus aguas los canales callejeros coronados por puentes para el tránsito de los peatones.
¿Hay crisis? Sabemos que sí, pero según deambulábamos por las calles del interior, comprobamos que había un buen flujo de clientes, tanto en los restaurantes como en las tiendas comerciales. Muchas de éstas se dedican exclusivamente a la venta de máscaras venecianas. Seguramente la masiva afluencia de turistas permite que esa venta encuentre salida.

Dentro del casco urbano, me refiero a la zona por la que nosotros paseábamos, es decir, desde la Plaza de San Marcos hasta el Puente de Rialto, nunca vimos coche alguno, o moto. Los únicos "vehículos" rodados que ví (pude hacerlo a primera hora de la mañana desde la habitación del hotel) eran los carretones de los pintores y vendedores de souvenirs que instalaban su parada en la orilla del Gran Canal.
Durante nuestra estancia en Venecía y cada vez que navegábamos, había una interrogante que me perseguía constantemente y no era capaz de encontrar una respuesta con un mínimo de coherencia: ¿Cómo hicieron para poner las primeras piedras de aquellos palacios, si yo veía que el nivel del agua anegaba los bajos de la primera planta?


Esta cuestión se convirtió en una obsesión cada vez que avistaba el Gran Canal.
Otro detalle que observé fue que, cuando el vaporeto realizaba las paradas en las diferentes estaciones, la gente entraba en oleadas y algunos sacaban el billete que pinchaban en una maquinita. Nosotros pagamos lo que nos cobraron en taquilla, entre otras razones, porque la tentación podía acarrear una penalización de 150 euros, según ponía en un cartel dentro del vaporeto.
Visitamos Burano y Murano, pueblos venecianos célebres por la decoración coloreada de sus casas, por sus laboriosos trabajos de ornamentación con vidrio, bordados de hilo y también por sus canales fluviales.
Otro día realizamos una excursión en una especie de tranvía que nos llevó hasta Pádova, visitamos la iglesia de San Antonio de Padúa y allí compré un jarabe para que remediara mi convulsiva tos.
Viví muchas sensaciones placenteras porque Venecia es historia viva, belleza y leyenda y, me atrevería a decir que, un destino obligado para todo aquel viajero inquieto por comprender nuestro pasado.
Sobre las fachadas palaciegas aún se aprecia el esplendor y el poderío económico de la nobleza que la habitó en otro tiempo.

En definitiva, amigos blogueros, si podéis y tenéis ocasión, Venecia os espera con todas sus mágicas y racionales dudas y el primoroso esplendor aristocrático que quedó para la posteridad en una u otra orilla del Gran Canal.